Porque el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño;
1 Pedro 3,10
Cuando Dios habló dando el decálogo divino (los diez mandamientos), al decir “no matarás” estaba diciendo algo mucho más profundo de lo que a simple vista parece. No solo podemos matar a una persona con un arma o con un cuchillo sino que podemos hacerlo con otra arma letal: La lengua descontrolada y desenfrenada.
El pasaje de hoy menciona la palabra “refrenar” como la acción que el cristiano debe practicar en su lenguaje diario, si es que quiere amar su vida y ver días buenos.
Sabemos muy bien lo que esto significa. La discusión áspera y descontrolada que uno tuvo hace días atrás con su jefe, su esposa/o, un amigo o hermano de la iglesia nos han dado muestras de lo terrible que es dejarse llevar por la “alta temperatura de las discusiones”.
Los errores que cometemos nos enseñan muchas cosas. Quizás lo principal sea decidir no volver a repetirlos.
La lengua descontrolada ha destruido familias e iglesias enteras con consecuencias a veces irreparables.
Quizás debido a la tensión que atravesamos en este último tiempo, notamos que la lengua ha perdido el freno que antes tenía. ¡Hasta tenemos miedo de abrir la boca pues quiere evitar meterse en nuevos problemas!.
Nunca es tarde para darle al Señor el control de nuestra lengua, y darle lugar al Espíritu Santo a que ponga el freno adecuado, en el momento adecuado, y en la situación adecuada. En este día debemos empezar a moldear la lengua y vocabulario. Tomemos como disciplina diaria antes de empezar a hablar, pedirle al Espíritu Santo que refrene aquellas palabras fuera de lugar y que podamos expresar sólo lo que edifica y bendice. ¡Esto es posible únicamente con la ayuda de Dios!
Para recordar:
El Espíritu Santo renueva y refrena mi lengua
Oración:
Ayúdame Señor en este día, a permanecer callado antes de hablar en forma descontrolada. Ayúdame a evitar meterme en problemas por mi lengua descontrolada. Necesito un cambio Señor. ¡Hazlo hoy por tu Gracia! ¡Amén!
Extraído de: Aliento del cielo para cada día
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