Llamados a ser santos

¿Cuál es la voluntad de Dios respecto a nosotros? Debes ser santo. La santidad es el don más grande que Dios nos puede hacer porque nos ha creado para este fin. Para aquel o aquella que ama, someterse es más que un deber: es el secreto mismo de la santidad.

Como lo recordaba san Francisco, cada uno de nosotros es lo que es ante de los ojos de Dios, nada más ni nada menos. Todos somos llamados a ser santos. Y no hay nada de extraordinario en esta llamada. Todos hemos sido creados a imagen de Dios a fin de amar y ser amados. Jesús desea nuestra perfección con un indecible ardor. «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Tes 4,3). Su Sagrado Corazón desborda de un deseo insaciable de vernos progresar hacia la santidad.

Cada día debemos renovar nuestra decisión de elevarnos a un fervor cada vez mayor, como si se tratara del primer día de nuestra conversión, diciendo: «Ayúdame, Señor Dios mío, en mis buenas resoluciones para tu santo servicio, y dame hoy mismo la gracia de empezar verdaderamente, porque lo que he hecho hasta hoy no es nada». No podemos ser renovados si no tenemos la humildad de reconocer lo que nos falta para ser santos.

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
No hay amor más grande

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