
Hombre de conciencia
Jueves 01 Mayo, 2008Cada cual practicará su profesión con absoluta corrección para con todos.
El abogado, defendiendo el derecho y evitando tinterilladas que pueden estar de acuerdo con la letra pero no con el espíritu de la ley.
El ingeniero recordará que los hombres son de naturaleza muy distinta que las máquinas, que tienen derecho a consideraciones debidas a la dignidad de su persona, y no escatimará sacrificios para pagarles un salario justo mientras pueda soportarlo la empresa.
El agricultor reconoce que los hombres son inmensamente más valiosos que los más finos animales, y que las consideraciones que merece un ser humano son de orden muy distinto a las que podría dar a los otros seres de la creación material.
El hombre es nuestro hermano. No soporta, por tanto, que mientras las cosechas se guardan en pisos de cemento y muros de concreto, y los caballos de carrera tienen abrigo para el invierno y un cuidador que les prepara la cama y la comida, los pobres, a causa de un salario injusto y de falta de caridad social, vivan en chozas con suelo de tierra y techo de totora y en la práctica sean tenidos en menos estima que los animales que se presentan a la exposición.
El empleado no ocupará las horas de trabajo en actividades de lucro personal.
El contratista no hará a la carrera los trabajos con materiales de segunda y a veces dejando deliberadamente mal terminada la obra para ser nuevamente llamado.
El prestamista no exigirá intereses usurarios.
El corredor de comercio no traspasará a su cliente los papeles inseguros, ni hace juegos turbios en la bolsa aprovechando noticias maliciosamente esparcidas o abusando de informes confidenciales.
¡Acaparamientos, productos falsificados, vino bautizado, leche aguada, abonos mezclados con tierra, fardos de cáñamo con piedras en el interior, ampolletas quemadas en cajas nuevas… tantas y tantas formas de fraude social!
En el trato con las personas modestas, el jefe no sospechará de sus intenciones, velará por sus intereses como por los propios, será agradecido a sus servicios recordando que todo el oro del mundo vale menos que un acto humano y que en este sentido el patrón queda siempre deudor a sus obreros.
Los patrones con frecuencia se quejan de sus obreros y lamentan que tengan tan poca conciencia. Los obreros echan de menos el espíritu de justicia y de caridad por parte de los patrones.
Cada clase social lamenta esta falta de conciencia en la clase que complementa a la propia.
Mientras esa conciencia se generaliza, yo, obrero o patrón, haré un firme propósito: ¡yo al menos seré hombre de conciencia!
Padre Alberto Hurtado. Humanismo social. 1947
Extraído de: Padre Miguel Ortega Riquelme. Padre Hurtado. Mensaje a los Jóvenes. Adaptación de manuscritos originales editado por el Arzobispado de Santiago y El Mercurio para el Encuentro Continental de Jóvenes, Santiago de Chile, Octubre de 1998.
