Si tenemos tanto amor a los pobres es porque, hoy, en ellos encontramos a Jesucristo, a Él que es la Palabra de Dios hecha carne. Cuanto más estamos unidos a Dios tanto más crece nuestro amor a los pobres y nuestra disponibilidad a servirles desde el fondo del corazón…
No vayáis a países lejanos para buscar a Dios; él está a vuestro lado; está con vosotros. Tened vuestras lámparas encendidas (Mt 25,1s), y le descubriréis constantemente. Vigilad y orad (Lc 21,36).
Jesús ofrece su amistad duradera, confiada, personal, a cada uno de nosotros; lo expresa con ternura y amor. Nos ha unido a él para siempre. Y ahora, con nuestra diligencia, ponemos en práctica este amor. Jesús pasó por el mundo haciendo el bien, y nosotros ahora procuramos imitarle, y yo creo que Dios ama al mundo a través de nosotros. ¡Veo a tanta gente en la calle, gente que nadie ve, de quien nadie se ocupa, gente ávida de amor! Son Jesús.
Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad – La oración, una fuente de agua fresca

