Archivo de 19/05/09

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Dios te ama

Martes 19 Mayo, 2009

Dios te ama Dios vela por ti.
Te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal como El te hizo.
Sabe lo que hay en ti, todos tus sentimientos
Y pensamientos peculiares, tus inclinaciones y preferencias,
Tu fortaleza y tu debilidad.
Te ve en tu hora de regocijo
Y en tu hora de infortunio.
Se compadece de tus esperanzas
Y de tus tentaciones.
Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos,
Todos los altibajos de tu espíritu…
Te rodea y te sostiene con sus brazos.
Se da cuenta de tu semblante,
Tanto cuando ríes como cuando lloras…
Cuida de ti con cariño..
Oye tu voz, tu respiración y el latido de tu corazón.
Te ama más de lo que tú te amas a ti mismo
Evita infligirte dolor
Mucho más de lo que tú le rehuyes.
Y si llega a hacerlo,
Lo hace del mismo modo en que tú lo harías,
Si eres prudente, para conseguir algo mucho mejor.

Cardenal Newman

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Orar como Jesús nos enseñó

Martes 19 Mayo, 2009

Pedir invocando el nombre de Jesús

Entre todos los saludables consejos y divinos preceptos con los que el Señor orientó a su pueblo para la salvación, le enseñó también la manera de orar, y, a su vez, él mismo nos instruyó y aconsejó sobre lo que teníamos que pedir. El que nos dio la vida nos enseño también a orar, con la misma benignidad con la que da y otorga todo lo demás, para que fuésemos escuchados con más facilidad, al dirigirnos al Padre con la misma oración que el Hijo nos enseñó. El señor ya había predicho que se acercaba la hora en que los verdaderos adoradores adorarían al Padre en espíritu y verdad (Jn 4,24); y cumplió lo que antes había prometido, de tal manera que nosotros, que habíamos recibido el espíritu y la verdad como consecuencia de su santificación, adoráramos a Dios verdadera y espiritualmente, de acuerdo con sus enseñanzas.

¿Qué oración más espiritual puede haber que  la que nos fue dada por Cristo, por quien también nos fue enviado el Espíritu Santo, y qué plegaria más verdadera ante el Padre que la que brotó de labios del Hijo, que es la verdad?

Oremos, pues, hermanos queridos, como Dios, nuestro maestro, nos enseñó. A Dios le resulta amiga y filial la oración que se le dirige con sus mismas palabras, la misma oración de Cristo que llega a sus oídos. Cuando hacemos oración, que el Padre reconozca las palabras de su propio Hijo; el mismo que habita dentro del corazón sea el que resuene en la voz, y, puesto que lo tenemos como abogado ante el Padre por nuestros pecados, al pedir por nuestros delitos, como pecadores que somos, empleemos las mismas palabras de nuestro defensor pues él ha dicho» «Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, os lo concederá» (Jn 16,23).

San Cipriano (hacia 200-258), obispo de Cartago y mártir
La oración del Señor, 2-3