Feliz de aquel que tiene un amigo con quien compartir sus alegrías.
Feliz de aquel que tiene un amigo con quien compartir su dolor.
Feliz de aquel que tiene un amigo que lo retemple en los momentos de debilidad.
Feliz de aquel que tiene un amigo que le devuelva la certeza de la luz, en los momentos de oscuridad e incertidumbre.
Feliz de aquel que vive generando amistad por donde pasa: nunca se encontrará solo en el camino.
Felices los que superando viejos atavismos y el positivismo de las ciencias, llegan a la amistad con Dios: viven habitados por El; Amigo.
Felices los que en la intimidad de su interior, viven dialogando con Dios, El Amigo: nunca se duermen sin la esperanza de la aurora.
Felices los han llegado a reconocer el rostro de Dios, el Amigo: en cada cada día, en lugar de miedo sienten la confianza renovada por una sonrisa que los llama al camino.
Julio César Labaké

