Preparen el camino, viene el Señor

«Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor»

«Preparad el camino del Señor». Hermanos, el camino del Señor que él nos ha dicho preparásemos, se prepara caminando, es preparándolo que se camina. Incluso aunque estéis muy adelantados en este camino os queda siempre algo que preparar, a fin de que en el punto en que habéis llegado, tendáis siempre a ir más adelante. He aquí que, a cada paso que hacéis, el Señor para quien preparáis el camino, viene a vuestro encuentro, un encuentro siempre nuevo, siempre más grande. Es, pues, con razón que el justo ora así: «Enséñame, Señor, el camino de tus preceptos, yo lo quiero seguir puntualmente» (Sl 118, 33). Es posible que se le llame «camino eterno» porque la Providencia ha previsto el camino para cada uno y le ha fijado un término, pero la bondad de aquél hacia el cual avanzáis no tiene límite. Por eso el viajero prudente y decidido, al llegar siempre dirá que no ha hecho más que comenzar; olvidará lo que queda detrás de él par poder decirse cada día: «Ahora comienzo» (Flp 3,13; Sl 76,11 Vulg)…

Pero nosotros que estamos hablando de progreso en este camino, ¡quiera el cielo que, por lo menos, hayamos comenzado! Me parece que, cualquiera que se pone en ruta está ya en el buen camino: tan sólo es necesario que lo haya comenzado verdaderamente, que haya «encontrado el camino de la ciudad habitada», tal como dice el salmo (106,4). Porque «son muy pocos los que lo encuentran» dice la misma Verdad (Mt 7,14). Son numerosos los que «vagan por las soledades»…

Y tú, Señor, nos has preparado un camino, y sólo tenemos que consentir y comprometernos en él. Nos has enseñado el camino de tu voluntad diciéndonos: «Este es el camino, seguidlo sin extraviaros ni a derecha ni a izquierda» (Is 30,21). Es el camino que el profeta había prometido: «Habrá allí una senda y un camino, no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán» (Is 35,8). Yo era joven, ahora ya soy viejo (Sl 36, 25) y, y si tengo buena memoria nunca he visto a un insensato extraviarse en tu camino; he visto apenas a algunos prudentes que lo han podido seguir hasta el final.

Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense
5º sermón para el Adviento

Esta entrada fue publicada en Anunciar, Compromiso, Entrega, Esperanza, Fidelidad, Fortaleza, Humildad, Meditaciones, Perseverancia, Profetas, Responsabilidad, Vivir el Adviento. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s