Anuncien el Evangelio
a toda criatura sin ninguna reserva:
a todos los pueblos de la tierra,
a todas las razas,
a todas las clases sociales,
a todos los niveles culturales,
en las ciudades llenas de luz,
en los áridos campos,
en las oficinas ostentosas,
en los hogares más humildes…
a todos los hombre y mujeres,
para amarlos a todos,
para comprenderlos a todos,
para llevarles la luz y la paz,
para que descubran a Cristo.
Santiago Alberione
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